sus pestañas

me gustan sus pestañas atigradas como el techo de las palapas en el mercado a lado del puerto, y los lunares que tiene cerca de la boca.

me gusta el duende que le brilla en los ojos cuando no me mira.

sé que es inmortal la gravedad que atrapa mi alma, ese genio poderoso, me lo encuentro en todas las vidas y en todas las vidas me siento a escribir sobre el rostro que ahora posee, sobre el color de sus pestañas, y la ausencia o presencia de lunares cerca de la boca.

siempre le gusta el mar, será un duende de agua, y yo encharcado o encharcada, hasta el cuello, hasta la boca, hasta los ojos: siempre.

atento cada vez más temprano a su presencia, expectante, poseído; y cuando lo encuentro, cuando la encuentro, me reconoce.

me besa, regalándome su espalda.

todo es demasiado divertido, la tensión que provoca el móvil de las historias, el agua que corre, los personajes, todo eso es demasiado divertido, todo eso es las historias.

¿por qué enmudecerlas a cambio de la contemplación de unos lunares o unas pestañas?

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