cuerpos comprometidos

Me gusta prenderme a sus pezones como los peces que succionan el cristal de la pecera.
Ver su boca moverse en surcos rítmicos y mi boca, olas de humo en cada uno de sus senos.

En mi cabello sus manos, escuchar su sinfonía cuando me hace con las piernas como si ya no fuera ella y ahora es (algo) mío. Es yo donde antes yo no había. Es yo, aunque siga siendo ella.

Entonces busco sus pupilas, invisibles, las busco.

“Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos.”

Las estatuas de hielo, abrazadas en el Sol, se disuelven lentamente.

Quiero su boca y voy a su boca. Enigma. Caverna de música candente de misterios.

Huir.

Quiere huir pero no la dejo, nuestros cuerpos están comprometidos.

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